• En el Refectorio (o comedor), se encuentra la famosa colección de quince lienzos que representan a los Doce Apóstoles, a Cristo Redentor, la Virgen María y San Pablo. En el fondo de la sala se encuentra el lienzo de la Última Cena, pintado por el artista belga Diego de la Puente en el siglo XVII. En esta Última Cena versión peruana, hay elementos y personajes poco frecuentes, como el cuy como plato principal, una mesa ovalada y no cuadrada, los personajes principales o apóstoles recostados en sus divanes muy a la usanza romana y un rocoto.    

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  • Su riqueza bibliográfica reúne aproximadamente unos 25,000 volúmenes. Entre ellos figuran raras ediciones Aldinas, Elzevirianas y Plantinianas; existen incunables y crónicas Franciscanas de los siglos XV al XVIII respectivamente, también un Atlas o Teatro de todo el mundo de mediado del siglo XVII, algunos tomos del primer Diccionario editado por la Real Academia de la Lengua Española, la célebre Biblia Regia editada en Amberes entre 1571–1572 más de 6,000 pergaminos, numerosas obras de jesuitas, agustinos, benedictinos y carmelitas. Contiene asimismo millares de libros que llegan hasta el siglo XX en diferentes idiomas y materias como: Filosofía, Teología, Historia, Literatura, Música, Geografía, Derecho Canónico, Derecho Eclesiástico, Obras Predicables, Biblias, etc. Están escritos en latín, español, francés, portugués, italiano y algunos de ellos escritos en lenguas muy antiguas.

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  • Las criptas de San Francisco, que han cobrado fama con el nombre de catacumbas por similitud con las romanas, son una serie de bóvedas subterráneas (debajo de las capillas de la iglesia), éstas se emplearon hasta principios del siglo XIX, y sirvieron de sepultura a miembros de cofradías y hermandades. En su extenso recorrido se aprecia techos abovedados o planos unidos por pasajes y arcos de medio punto, construidas con ladrillo y cal y canto, en el piso de ellos se encuentran sepulcros rectangulares donde los féretros eran colocados unos sobre otros, separados por tierra y cal viva, para acelerar el proceso de descomposición, evitar epidemias y malos olores. Durante todo el recorrido de las catacumbas se repite mucho la vista de cráneos, fémures, tibias y peronés, por lo que constituyen las partes más resistentes del cuerpo humano. Existen también pozos u osarios que tienen la finalidad de absorber las […]

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